Desmontando al Real Madrid de Pablo Laso

Desmontando al Real Madrid de Pablo Laso

El pasado viernes el Real Madrid se clasificaba para la Final Four de Milán en un Palacio de los Deportes a rebosar. Por segundo año consecutivo el equipo blanco estará en la lucha por el título de la Euroliga. Pablo Laso ha devuelto al Real Madrid al primer escalón europeo tras una larga travesía por el desierto. Ha conseguido resultados y lo ha hecho a través de una apuesta atractiva, que ha convertido la asistencia al Palacio de los Deportes en otro de los atractivos de la ciudad. Ha conseguido Supercopa y Copa del Rey en esta temporada y ha dejado un record para la historia en ACB, 27 victorias seguidas hasta perder el domingo en casa ante Valencia.

Pero no siempre fue tan fácil. Laso llegaba al banquillo blanco en el verano de 2011 tras la decepcionante era Messina, que acabó con el técnico siciliano renunciando a mitad de campaña. Pese a la clasificación para la Final Four de Barcelona, el nivel ofrecido por el Real Madrid había sido decepcionante. Por ejemplo, en ACB cayó en semifinales del Playoff ante Bilbao Basket.

Pablo Laso llegaba al banquillo blanco con cierta experiencia ACB en Pamesa y, sobre todo, tras cuatro años buenos en Donosti entrenando al Lagun Aro. Se le presentaba una plantilla con algunos refuerzos interesantes, como Martynas Pocius o Jaycee Carroll. Además, la incidencia del lockout hacía que pudiese disfrutar de Rudy durante los primeros meses de competición, así como con Ibaka en algunos partidos. Pero ese Madrid también tenía algunas dudas en algunos jugadores, como los interiores Begic y Tomic y, sobre todo, en Sergio Rodríguez, que no conseguía volver a su nivel de juego.

La primera temporada de Laso fue buena. El equipo practicaba un baloncesto alegre que devolvía la sonrisa por momentos al Chacho y otros jugadores. Asimismo, se veía que la apuesta por el joven Nikola Mirotic era una ganancia segura. El equipo de Laso conquistó la Final de la Copa del Rey, con mucho simbolismo, ya que la ganó en Barcelona ante el equipo local, y tras un largo periodo de sequía del Real Madrid en esta competición. Además, rompía la hegemonía del Barcelona, que había sido la bestia negra del Madrid de Messina.

Perdió la final ACB ante el Barcelona de forma increíble. Recordamos como Huertas dio el triunfo al Barcelona en el primer partido con un triple sobre la bocina desde medio campo. Pese a que quizá el Madrid fue mejor en el global de la final, el Barcelona hacía bueno el factor cancha y se llevaba el título. El gran borrón de aquella temporada fue la Euroliga, en la que el equipo de Laso caía en el Top 16, superado por Siena y Bilbao.

La siguiente temporada comenzaba con cambios. Se acababa la paciencia con Tomic y se incorporaba a jugadores de un perfil más “guerrero” como Draper o Slaughter. Asimismo, Rudy volvía definitivamente al baloncesto español. La temporada subió un escalón respecto al año anterior. Es verdad que perdieron en cuartos de la Copa, pero tras un duro partido contra el Barcelona en el que cualquiera podría haber ganado. Fueron finalistas de la Final Four, tras vengarse del Barcelona en semifinales, aunque cayeron contra Olympiacos en la final. En aquella final, el Madrid salió lanzado, pero poco a poco el equipo griego se metió en el partido. Se evidenció que a este equipo le faltaba algo de experiencia para sacar adelante partidos trabados. Por último, conseguían la Liga ACB con todo merecimiento tras vencer nuevamente al Barcelona en cinco partidos. Esta vez la ventaja de campo era para el Madrid, y la hizo valer.

Además, esta temporada siguió confirmando el crecimiento de Nikola Mirotic, convertido ya en toda una estrella europea. Rudy demostraba que había venido a Europa a ganar, así como otros jugadores tales como Llull demostraban su crecimiento. Pero sin duda, la mejor noticia era el nivel de Sergio Rodríguez, que ya había empezado a dar síntomas de recuperación el primer año, y que volvió a recordar al Sergio Rodríguez de antes de irse a la NBA, pero con un poco de madurez que le hacía mejor jugador. En el debe, el rendimiento de Mirza Begic y Carlos Suárez, señalados en su rendimiento y que partirían en verano.

Este verano nacía el tercer proyecto de la era Laso. Llegaban Salah Mejri y Ioannis Boroussis al juego interior como principales incorporaciones, así como Tremell Darden que ya había jugado los playoffs del año pasado. De igual modo, Dani Diez volvía a casa para jugar minutos de calidad. El año empezaba venciendo la Supercopa, preludio de una racha fenomenal. Hasta 31 partidos oficiales seguidos venciendo en todas las competiciones, hasta que en enero caían en Moscu en el Top 16. Invicto en ACB hasta el pasado domingo, y lo estuvo en la primera fase de la Euroliga, aunque perdió 3 partidos en el Top 16,  y dos ante Olympiacos en el playoff.

Además, el equipo conseguía en febrero recuperar su trono en la Copa del Rey, en una final durísima ante el Barcelona, que pasará a los anales de la historia del baloncesto por aquel triple casi sobre la bocina de Sergi Llull.

Pero sin duda, el objetivo de este año es la Euroliga, título que no consigue el equipo blanco desde 1995, con aquel equipo mítico con Sabonis, Arlauckas, Antunez o Isma Santos. De momento consiguen llegar de nuevo a la Final Four, y volverán a enfrentarse al Barcelona en otro gran clásico de infarto. De hecho, parten como favoritos por el juego espectacular que han desarrollado y porque se han mostrado este curso casi imbatibles.

Pero no todo en la vida se puede medir en base a los resultados. Como decíamos al principio, el Madrid de Laso ha apostado desde el principio por un juego de ataque y rápido que ha cautivado a la afición blanca, que ha vuelto en manada al Palacio de Deportes. Esta tendencia ha dado un paso más este año, con un equipo donde los mecanismos están muy bien asentados y en el que sus estrellas ya se conocen de sobra. Un equipo que juega con cuatro hombres muy abiertos permanentemente y en el que sobrevuela constantemente la amenaza del triple. Asimismo, jugadores muy físicos a los que les gusta correr y jugar por encima del aro como Llull o Rudy, pero que en estático también tienen soluciones, sobre todo de la mano de Sergio Rodríguez en la dirección y ejecución. Todo eso, regado con una de las grandes estrellas emergentes, Nikola Mirotic, que cierra el cuarteto básico que explica el éxito del Real Madrid.

Pero no solo destaca el Real Madrid en ataque. Laso ha convencido a su equipo de la necesidad de defender, y el equipo hace daño desde atrás. No en vano, tiene buenos jugadores en la defensa, como los propios Llull o Rudy, o especialistas en esta faceta como Slaughter o Draper. Asimismo, este equipo cuenta con una veteranía de un Felipe Reyes, que en un rol más secundario ofrece minutos de calidad a ambos lados de la pista. El equipo ha mantenido durante muchas fases de la temporada una presión que dificulta a sus rivales subir el balón. El tener una plantilla tan amplia hace que siempre mantengan la intensidad, y que jugadores como Draper o Dani Diez, que juegan pocos minutos, puedan dar 5 o 10 minutos de pura intensidad. Al defender bien, el equipo corre y anota fácil. Eso hace crecer la confianza en ataque, puesto que puedes arriesgar más. Sin duda este Madrid, aunque no lo parezca, se construye desde atrás, como todos los equipos campeones.

Si hay que poner un pero a este Madrid, puede situarse dentro de la zona. Muchas veces da la impresión al ver sus partidos, que el Madrid debería hacer más hincapié en llevar balones al poste bajo. Boroussis o Mejri pueden hacer daño con sus centímetros, así como Felipe y Mirotic son jugadores capaces de producir de espaldas a canasta y no solo con suspensiones. De todos modos, el juego interior es normal que salga perdiendo ante la acumulación de exteriores que requieren balón como Llull, Rudy, Sergio o Carroll, que gastan muchos tiros por partido. A esto también hay que añadir que el juego de Nikola Mirotic también gasta muchos tiros abiertos.

Con mes y medio por delante de competición, el Madrid tienen dos objetivos que pueden convertir su temporada de sobresaliente a matrícula de honor. La Final Four de Milán y los Playoffs de la Liga Endesa. El equipo de Laso quiere seguir demostrando que su apuesta no es solo bonita de ver, sino que es una apuesta ganadora.

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