El extraño caso de Jason Kidd

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Hace cosa de un año, la franquicia de Brooklyn Nets sorprendía a muchos anunciando que el sustituto de P.J. Carlesimo como Head Coach sería nada más y nada menos que Jason Kidd. Una leyenda viva de la NBA que se había retirado esa temporada, en el gran rival, New York Knicks, por cierto. Eso sí, Kidd era una leyenda de los New Jersey Nets, a los que había llevado a dos finales consecutivas en 2002 y 2003 para caer ante los Lakers de Shaq y Kobe y los Spurs de Duncan y Parker. Eso sí, también hay que recordar que salió de New Jersey con polémica, incluso negándose a jugar algún partido como medida de presión para ser traspasado.

Un comienzo raro y el amago de despido

Kidd cayó bien en Brooklyn en un principio. Todo eran buenas caras y un gran esfuerzo a la hora de contratar jugadores. Billy King le conseguía a dos jugadorazos como Kevin Garnett y Paul Pierce, con el objetivo de luchar ya por el anillo. Antes de empezar la temporada, la franquicia decidía retirar el número de Jason Kidd, pasando a la historia de los Nets.

Pero pronto empezaron los problemas. Problemas porque el equipo no carburaba y perdía noche si y noche también, además por bastante diferencia. Kidd además protagonizó alguna escena digna de un sainete, como en aquella en que pedía a un jugador que le golpease para derramar su bebida y tener tiempo para preparar una jugada, al haberse quedado sin tiempos muertos.

Con el equipo en una situación delicada, muy lejos de los Playoffs, el ultimátum de Billy King llegó en Navidad. Y surtió efecto, pues con un mes de Enero espectacular, que le valió a Kidd su primer premio como entrenador del mes, los Nets entraban en zona Playoffs. Es verdad que los Playoffs estaban muy baratos en el Este el pasado año, pero el equipo cambió su cara y era mucho más reconocible. Además, hicieron frente a la baja de Brook Lopez, su pívot de referencia, y los sempiternos problemas físicos de Deron Williams.

Barridos por Miami

El equipo llegó al Playoffs como el sexto clasificado, tras un rush final en que se habían dejado superar por Washington para evitar a los temibles Chicago Bulls. Ante un Este lleno de incertidumbres, partían como ousiders. Ganaron con mucho sufrimiento a Toronto Raptors, mostrando sus carencias, entre ellas el problema que tenían en la zona.

Y entonces llegó el enfrentamiento con Miami, al que habían ganado los cuatro partidos de la regular season, pero al que solo pudieron ganar un partido en las Semifinales de Conferencia. Compitieron, estuvieron ahí en todos los partidos, pero fueron siempre superados en los finales por Lebron y compañía. Un final de temporada que evidenciaba que el equipo necesitaba cambios, savia nueva que pudiese ayudar a los veteranazos.

El mal del entrenador rookie

No pensábamos que el primero de esos cambios iba a venir por el lado de Jason Kidd. Si es verdad que el equipo tenía, y tiene, las manos atadas por los grandes sueldos, pero esperábamos movimientos para que el equipo de Kidd fuese competitivo. Sin embargo, la noticia estallaba hace un par de semanas. Jason Kidd había intentado hacerse con el control de las operaciones de Brooklyn frente  a Billy King. Esto no había sido aceptado por la franquicia, por lo que Kidd quería salir.

Una bomba, de repente Kidd quería salir de la franquicia donde lo era todo para intentar ser el jefe en los despachos de otro equipo. Esto se puede explicar en función del baile de banquillos de este año, donde entrenadores sin experiencia alguna han llegado con grandes sueldos y cuya voz es más escuchada en los despachos. Esos dos ejemplos nos remiten a Steve Kerr y Derek Fisher, sin experiencia y que cobran ya 5 millones de dólares por temporada, solo uno menos que Popovich por ejemplo. Asimismo, Kidd quería tener mucho más protagonismo en la gerencia, al estilo de otros entrenadores como Stan Van Gundy, que ha vuelto a la liga en Detroit, como entrenador y como jefe de los despachos.

Así pues, algunos pensarán que es lógico que Jason Kidd reclame su parte del pastel, cuando hay otros entrenadores que con menos experiencia de él, están aprovechándose de esta especie de inflación que vive la NBA hoy en día. El mal del entrenador rookie podríamos llamarle. Como sabemos, la NBA va por modas, y si algo funciona, como el caso Hornacek, los equipos de repente se lanzan a ello como si fuese el nuevo maná.

Al final, Jason Kidd ha terminado en Milwaukee. Si bien en un principio parecía que iba a ser rumbo a los despachos, finalmente será Head Coach en la franquicia de Wisconsin. Es de suponer que tendrá más influencia en los despachos de la que tenía en Nets. Estos últimos han encontrado un sustituto de garantías, Lionel Hollins, que tan bien lo hizo en Grizzlies antes de su salida el verano pasado. La compensación recibida por Nets han sido dos segundas rondas del draft, en el que es el segundo traspaso de entrenador que vivimos en dos años, tras el de Doc Rivers el verano pasado.

Así las cosas, Kidd da un paso para atrás en su carrera, pero que le permitirá coger impulso. Llega a un equipo sin exigencia alguna, donde lo interesante será medir el progreso de sus jóvenes jugadores, en especial de Jabari Parker, uno de los rookies que deben marcar la NBA del año que viene. Ahí podrá desarrollar un proyecto largo, sin tanta presión como en Brooklyn, un equipo abocado a tener poca capacidad de maniobra en los próximos años. Así pues, Jason Kidd ha decidido dejar el glamour de la gran manzana por ser cabeza de ratón en Milwaukee, saliendo por la puerta pequeña de la que fue su casa durante mucho tiempo.

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