Baskonia: Un Top8 sin perdón

Baskonia: Un Top8 sin perdón

Restan poco más de 24 horas para que Baskonia comience a jugar su noveno TOP 8. Con él, comete el atrevimiento de afrontar un reto para el que quizás no estaba convocado. Pero, como dice Peras, no vamos a pedir perdón por ello.  Vamos a hacer algo mejor: vamos a ganarlo.

Mentiría si ahora escribiera que no veo a mi equipo capaz de pasar esta eliminatoria y verle enfrascado en plena F4. Contemplar cómo leyendas baskonistas, Prigioni o Scola, nos envían toda su fuerza, nos llena de orgullo y nos ubica adecuadamente para comprender la importancia del trance que nos espera.

Llegar a Berlín supondría un espaldarazo fenomenal al proyecto del club, más ahora, cuando estamos en puertas de emprender una nueva aventura en la remozada Euroliga.

Se quedarían sin argumentos todos aquellos que ven al Baskonia como un club “enchufado”, que se ha ganado su licencia A más en los despachos que en las canchas. Recuperaríamos definitivamente, el prestigio que tan rápida como injustamente se ha visto mermado por unas temporadas aciagas.

El acceso al TOP 8 se ha hecho por la puerta grande, con toda la ilusión y, muy probablemente, contra todo pronóstico. Pero no, no es cuestión de disculparse por ocupar un puesto que en principio parecía destinado a clubs tan poderosos como Olympiakos o Khimki. Es hora de apretar los dientes, y asestar otro “oakazo” al Pana de Diamantidis y Raduljica. ¿Por qué no?

Mas semejante golpe difícilmente acontecerá si el equipo olvida quiénes es y de dónde viene.

Repasando a vuelapluma lo vivido hasta la fecha, si antes de empezar este TOP 16 nos dicen que íbamos a acabar como los alemanes del Borse, con alguna remota opción de clasificarnos en el último partido y habiendo competido dignamente en el grupo más duro de la historia de Euroliga, muchos habríamos firmado.

Cuando vimos en el grupo en el que caímos, fanfarroenará quien niegue el temor que le inspiraba la posibilidad de representar el papel que, al final, le ha correspondido a Zalgiris, de no haber andado lo suficientemente finos.

Pero que en la última jornada estuviéramos a la altura del CSKA, con opciones aún se ser campeones de grupo,  no se lo esperaba ni Aker.

Y si a eso sumas, la racha de partidos espectaculares que hemos vivido, siendo la guinda el jugado ante el Madrid en el Buesa, corres ya el peligro de caer en el alcoholismo para poder soportar tanta dosis de felicidad.

Baskonia: Un Top8 sin perdón

Por todo ello, es momento, ahora, que aún no sabemos qué puede depararnos el futuro, de quitarse el sombrero y saludar humildemente a todo el cuerpo técnico y a todos los jugadores que configuran la plantilla de este Baskonia, como muestra de agradecimiento, por habernos permitido ser protagonistas de momentos que ya forman parte de nuestra memoria histórica. Contaremos a nuestros hijos y a nuestros nietos como se pasó por encima del Khimki, como se ganó al Barça, como Teodosic perdió los papeles o la rueda de prensa de Itoudis. Y les pondremos el video del triple de Bertans y su carrera enloquecida por toda la cancha, celebrando grito en boca la victoria en un partido que se podrá igualar, pero difícilmente mejorar.

Por todo ello corresponde ahora afrontar con mucho tiento lo que se nos avecina, sea bueno o malo.

No precisamos conocer al detalle la auténtica calidad intrínseca del Panathinaikos, uno de los equipos más laureados de Europa, pues no albergamos duda respecto a la dificultad de la empresa. Poco les va a importar a los griegos el TOP 16 que nos hemos cascado. Ellos, como nosotros, tienen una sola cosa en la cabeza: viajar a Berlín.

Muy probablemente lo que separe a uno u otro equipo de la gloria final será una delgada línea, por la que rodará el caprichoso balón, cayendo de uno u otro lado en función, quizás, del lugar en el que la mariposa de turno decida aletear.

Pero ganemos o no,  lo que en ningún caso deberíamos permitir es que un hipotético decepcionante TOP 8 nos empañe el TOP 16 más maravilloso que puede haberse vivido y que, muy probablemente, no volveremos a disfrutar. Aunque hemos rayado a tal nivel, que ahora todo lo que no suene a F4 se nos antoja poca cosa, si nos topamos con un rival superior o con una tximeleta caprichosa, que decide batir sus alas en campo vasco, y pone a los dioses del Olimpo de su parte,  tocará entonces felicitar al vencedor, desearle suerte en tierras prusianas y, puestos en pie,  deparar una atronadora  ovación a estos hombres  que nos han proporcionado tanta felicidad  durante los meses que ha durado el show: porque el Baskonia ya ha dejado a Europa con la boca abierta:

  SILENO

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