Baskonia: Sin Copa, pero sin pausa

Baskonia: Sin Copa, pero sin pausa

Estamos en la semana de la Copa del Rey. Aprovechando el parón de la Euroliga, la ACB detiene su camino, y los ocho mejores equipos de la primera vuelta disfrutan con la excitación que provoca saberse sólo a tres victorias de proclamarse campeón. Esto concede mucha emoción, pues los equipos favoritos juegan con la presión de no perder y los aspirantes con la ilusión de dar la campanada. Nadie lo sabe mejor que el Baskonia, quien empezó a hacerse grande en esta competición, que ya ha ganado seis veces. Este año toca verla por la tele, después de 17 presencias consecutivas. Sin lugar a dudas, frustra, pues, a parte de la ausencia de un clásico, el equipo está mostrando unas hechuras, que perfectamente podían llevarnos, una vez más, a lo más alto del pódium. ¿Qué ha cambiado en el Baskonia para que, a día de hoy, lamentemos no estar en Canarias, más por la posibilidad perdida de ganar un nuevo título que por el mero hecho de estar presentes cumpliendo con la tradición?

Baskonia: Sin Copa, pero sin pausa

Sin lugar a dudas, el entrenador. No sé qué le pudo pasar a Crespi, de cuya calidad como técnico resulta difícil dudar, ni cómo éste se las entendía con los jugadores, pero su destitución fue un descomunal acierto. La llegada y, sobre todo, permanencia de Ibon Navarro ha concedido equilibrio al grupo y ha propiciado que brote en la plantilla el espíritu de quipo. Los jugadores se muestran comprometidos con la causa y es fácil observar en los partidos continuos gestos de apoyo que delatan el buen ambiente que reina en el grupo. Hay “química”, todos se sienten partícipes e importantes, todos quieren sumar, se sacrifican, si es preciso por el conjunto, y reman al unísono en dirección a la victoria. Todo ello se evidencia en el esfuerzo que realizan en la defensa, solidaria y agresiva, procurando cubrir siempre al compañero desbordado y atacando en cuanto pueden la línea de pase.

Con Ibon ha mejorado notablemente también el rendimiento particular de algunos jugadores. Caseaur creció tantos enteros, que parecía que habíamos contratado un nuevo jugador. Y, con el tiempo, Iverson y Tillie han ido mejorando sus prestaciones, especialmente el americano, hasta convertirse en uno de los jugadores más considerados por la grada. Nuestro marine cotonou muestra una solidez y una prestancia bajo la canasta envidiable. Perfectamente conocedor de sus limitaciones, está siempre concentrado, defiende, rebotea, acompaña con fe el ataque, presto a ofrecerse y a echar una mano ante el apuro. Tan bueno está siendo su rendimiento, que todos suspiramos ya por que su contrato sea prorrogado para temporadas venideras.

Baskonia: Sin Copa, pero sin pausa

Pero, como todos sabemos, ha habido muchos más cambios: 19 jugadores ni más ni menos. Durante el Otoño rara era la semana que el Baskonia no cobraba protagonismo por alguna nueva incorporación o por algún nuevo corte. Los ávidos de noticias y todos aquellos que les gusta el periodismo amarillo han disfrutado como enanos, y, sobre todo, si su simpatía hacia el club y/o su presidente era escasa o nula. Que si el “corral de la pacheca”, que si vaya cachondeo de confección, que debería estar prohibido tanto cambio…. Si se suma lo de los pasaportes “cotonous”, que parece que sólo son loables cuando los consigue el Madrid, pudimos incluso encontrar titulares que mostraban bastante desprecio y escaso respeto al trabajo que club estaba llevando a cabo para salir del atolladero en el que se encontraba anclado.

Sin embargo, hoy todos callan. Ven a un Baskonia compitiendo con absoluta dignidad en la Euroliga, enfrentándose a los mejores equipos de Europa, metido de lleno en puestos de play-off y jugando, probablemente, el mejor baloncesto que hoy en día pueda contemplarse en la ACB.

Ibon es bueno, pero no mago, así que volvemos a preguntarnos: ¿qué ha sucedido realmente en el Baskonia para que todos esos que tanto se reían del equipo en el Otoño guarden hoy un avergonzado silencio?

Atendiendo a lo positivo, no cabe duda de que la llegada de tres jugadores ha resultado de lo más acertada: Begic, James y Adams. Pero con ellos, se han marchado Hamilton y Heurtel. Si no se contemplan esas variables conjuntamente, será imposible entender que ha sucedido en el Buesa Arena. Begic ha concedido al juego interior baskonista lo que le faltaba: un cinco puro, que ayuda tanto en defensa como en ataque. Con una actitud humilde y honesta a carta cabal, el bosnio ha dotado de esa solidez de la que el equipo adolecía hasta su llegada. La presencia de Hamilton, con una ficha considerable ya de por sí, y absolutamente desmedida para lo que aportaba, impedía al club realizar movimientos de mejora en esta faceta del juego. Pero la venta de Heurtel dio oxígeno económico suficiente para cortar al newyorkino y contratar a Begic. Hamilton era un auténtico lastre, no sólo por su ficha, sino también por su nula aportación en el juego: un falso pivot que perdía todo su fuelle en los aspavientos con los que celebraba sus escasos y contados logros personales en los partidos. Que tanta paz lleve como descanso ha dejado.

Baskonia: Sin Copa, pero sin pausa

Pero al fichaje de Begic y a la marcha de Hamilton hay que sumar la incorporación de los bases Adamas y James y la venta de Heurtel. Por fin el Baskonia pudo sacar rendimiento al fichaje de francés, un base con unas condiciones excelentes, una gran técnica, rápido, buen tiro, excelente visión y magnífico pasador. Pero sin capacidad de sacrificio para realizar una defensa digna y sin el temple necesario para saber imponer el ritmo preciso para su equipo. En cierta ocasión que el galo jugó con gripe, un inspirado tuitero escribía que Heurtel, con fiebre, era el mejor base pausado que habíamos tenido desde Prigioni. Además, su endeble mentalidad provocaba que, con frecuencia, en partidos tensos e importantes, tomase pésimas decisiones, que acabaran por costar la derrota. Cierto es que nos ha ganado algún partido importante, como aquél que nos metió en el TOP 16 ante el Milán de Scariolo, con Tabak en el banquillo. Pero no es menos cierto que pocos jugadores han desesperado tanto a la parroquia baskonista como el amigo Thomas. Su venta ha sido agua bendita para el club: se ha producido in extremis, pues en Junio acababa contrato y nadie contaba con su renovación, y con ella se ha librado de otra importante ficha y se ha ganado el dinero necesario que ha permitido la compra de Darius Adams, a parte, de la prórroga de Begic y la marcha de Hamilton. Así que la operación era irrenunciable, al menos, desde el punto de vista económico. Pero en lo deportivo todos nos temíamos que, dada la experiencia fallida con los ocho o nueve bases que antes que este par que ahora tenemos han venido por Vitoria desde la marcha de Prigioni, fuese una auténtica tragedia. Nada más lejos de la realidad. Resulta que la pareja Darius-James, James-Darius han concedido un dinamismo al juego del Baskonia que ha provocado, por ejemplo, palizas a equipos como el Sevilla, el Estudiantes o a una de nuestras últimas bestias negras, el Gran Canaria, amén de victorias ante el Barça o el Unicaja o, por fin, la primera a domicilio, en Manresa. Así que ya nadie se acuerda de Heurtel, a no ser que nos queramos echar unas risas a cuenta de sus famosas “heurteladas” y estemos todos encantados con su venta al Efes. Además, a mí, personalmente, hay una pregunta que me ronda la cabeza con cierta insistencia: ¿cómo es posible que los primeros bases que fichemos en la era “post-heurtel” muestren un rendimiento tan extraordinario y los que contratamos para acompañar al galo, Rochestie, el MVP de la primera vuelta del TOP 16, incluido, hayan resultado tan decepcionantes? ¿Hasta qué punto la presencia de un base como Heurtel provocaba el fracaso casi sistemático del playmarker que le acompañaba? Quizás hasta ninguno, pero a mí, mientras no me lo expliquen clarito, nadie me quita del coco que el hecho de que el galo formara parte de la plantilla algo tenía que ver, para que el base complementario no terminase de rendir como se esperaba.

Todo esto, unido a la semana y media de la que el equipo disfrutará para restañar heridas y seguir subiendo peldaños baloncestísticos es lo que nos hace mirar el futuro con sana esperanza. De ganar al Efes de Heurtel, el Baskonia se meterá de lleno en la lucha por el TOP-8. Han de pasar por Vitoria CSKA, Fenerbache y Olympiakos, pero el Buesa se está empezando a poner imposible para cualquiera, y ganar en Rusia, Milán o Málaga, si las circustancias lo exigiesen, no me parce aventurar nada extraordinario.

Y si miramos a la competición doméstica, por casa tienen que venir Madrid, Valencia, Jouventut, CAI, Murcia…, todos ellos rivales directos, con los que nos tendremos que jugar las plazas de honor de la liga regular. Y fuera, sólo hay que visitar Bilbao de los que por arriba se encuentran. Todos los demás andan debatiéndose en no caer en los puestos de abajo. Así que no me extrañaría tampoco que pudiésemos contemplar una segunda vuelta poco menos que inmaculada y que nos catapultaría a los mejores puestos de la clasificación.

Lástima que, mientras todo eso llega, nos tengamos que conformar con ver la copa por la tele, pero mientras los ocho equipos con los que nos tendremos que pelear para disputar la liga ACB se preocupan del pan de hoy, el Baskonia estará entrenando para no pasar hambre mañana. Que disfruten esta semana, que a partir de la que viene, se las tendrán que ver de nuevo con un Baskonia dispuesto a resarcirse en liga y, si nos dejan, en Euroliga, de nuestra ausencia en la copa. Quizás para otro año, nos propongan la clasificación de oficio.

Sileno

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